23 nov. 2009

DENUNCIA | En el nombre de sus padres

'Negrita, odio decirte que sos hija de desaparecidos'

Victoria Donda, de 32 años, supo a los 26 que era hija de desaparecidos. | Pablo Piovano
Elmundo.es

Victoria Donda, de 32 años, supo a los 26 que era hija de desaparecidos. | Pablo Piovano

Hay noches en que Victoria Donda se revuelve en la cama sin poder conciliar el sueño. En su mente gira un torbellino de rostros borrosos, salvo uno que es completamente nítido. El de su tío, el oficial Adolfo Donda Tigel, responsable de que su madre diera a luz en cautiverio y que luego le arrebataran a su criatura para entregarla a un matrimonio sin hijos.

Esa criatura es la propia Victoria que recién cumplidos los 26 años se enteró de que había vivido encerrada en la identidad postiza que le confeccionaron sus padres adoptivos. A ser precisos, la identidad que le impuso ese tío, que tampoco tuvo reparo en que su cuñada, la mujer que trajo a Victoria al mundo, y su propio hermano fueran arrojados a las turbias aguas del Río de La Plata.

Aunque esas prácticas eran habituales en los tiempos de la dictadura (1976-1982), los altos oficiales solían hacer una excepción cuando un amigo o pariente caía preso. Pero Adolfo era un oficial de otra calaña. Un fanático. Tal es así que llegó a apoderase de Eva, la hermana mayor de Victoria, para educarla en los preceptos del cristianismo y el amor a la patria.

A Eva como a Victoria se le reveló, años más tarde, la verdad acerca de sus orígenes. Pero a diferencia de su hermana menor, Eva culpa a sus padres biológicos de lo que les sucedió y justifica en cierta medida el papel que desempeñó Adolfo Donda en el drama.

En uno de los pocos encuentros que mantuvieron, Eva le dijo a Victoria: "Nuestros padres (biológicos) destruyeron tu vida y la mía. ¿Quién los mandó a meterse en una organización subversiva, cuando yo ya había nacido y ella (la madre) te llevaba en su vientre? Si quieres ser mi hermana, que no se hable más de ese tema".

Algunos amigos le recomiendan a Victoria, de 32 años, que olvide el tortuoso camino que tuvo que seguir para esclarecer, con la ayuda de las Abuelas de la Plaza de Mayo, sus verdaderos orígenes. Pero la diputada más joven del Congreso argentino siente que sus deudos no descansarán en paz mientras el culpable de la tragedia familiar no haya pagado por sus crímenes.

En estos días Victoria reúne los testimonios y las pruebas necesarias para sentar al torturador en el banquillo de los acusados. Adolfo Donda se encuentra bajo prisión preventiva, en una moderna instalación de la Armada, gozando de todas las comodidades de un hotel.



A veces, la vida te depara unos finales muy inesperados. Es evidente que algunos individuos que luchan por la libertad de otros no son valorados. Muchas personas, reivindican y denuncian los actos abusivos de los dictadores y asesinos que disfrazan la maldad con un traje de santos y benevolentes. La historia se repita una y otra vez. Los asesinos, son perdonados por los asesinados. Sólo porque los últimos no son como ellos o porque sus descendientes, no son conscientes en sus carnes del dolor que provocaron algunos bajo el pretexto de la legitimidad.


No hay nada como recordar la história, saber perdonar, pero sólo con " el cuenta nueva". Nunca con el "borrón" que algunos pretenden.

Los que murieron por reivindicar un derecho fundamental no se merecen que sus hijos, nietos y descendientes, no sean conscientes de su sufrimiento y su causa. No se trata de revivir aquello, pero mucho menos de enterrar las cosas que sucedieron en infinidad de dictaduras, de forma lapidaria. Encima.


Victoria Dijo cuando salió Diputada:

"Impulsaremos un proyecto que no permita que los genocidas se presenten en ninguna lista para cargos electivos, como (el ex subcomisario) Luis Patti o Alberto Groppi (intendente de Esteban Echeverría)", precisó, aunque reivindicó la participación ciudadana en cada propuesta"



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